En algún momento de mi infancia yo tuve un papá, ese que da la vida y te cuida, quien te mima o castiga; veía caricaturas conmigo (los pitufos y la pantera rosa), comía lunetas, arroz con camarón, como olvidar a las lentejas y a las habas, recuerdo las conchas con un vaso con leche, una vez fuimos a comer mariscos y llego el mariachi y pedí la de “mi cucu”, él me enseño a hacer casitas con dimensión y a empezar a leer con una colección de cuentos ilustrados muy bonitos recuerdo, el ultimo pastel que comió conmigo; lo llevo en una caja azul con rojo y parecía una carpa de circo y era de chocolate ese día me puso mis zapatitos y dijo que no se quería alejar, también recuerdo que en el siguiente cumpleaños me regalo unas flores muy bonitas hechas de migajón pero con gracia y hasta la fecha guardo el llavero que decía –tu papito te quiere mucho-…. Estos son los buenos recuerdos que tengo de él.
Después de mis 6 años se empeño a decepcionarme y yo a creerle… tenía buenos antecedentes, pero en verdad se inspiro en alejarme de su vida, mira le salió bien. No lo necesito en algo específico y en verdad yo no pienso continuamente en él pero sí recuerdo hoy las veces en que lo invocaba y no lo veía llegar, creo que yo quise un papá para siempre, alguien que no solo me regalara seis años de su vida…
Yo quise un papá que luchara por mí que en regaños, felicitaciones, abrazos, sonrisas, malos chistes y días estuviera conmigo…
Podría decir que no lo necesite... pero eso sería mentira. Aunque no fue indispensable.
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