En algún momento de no sé de donde, forme la idea que la mejor forma de saber de mi era experimentando el detalle y arriesgándome a vivir situaciones que me llevaran a decir -ya sé que siento cuando…-.
Dentro de estas experiencias sentí la tristeza más profunda. Sé que hay muchos tipos de tristeza en mí. Pero la peor si eso se puede decir… fue a su partida de mis venas, cuando supe que ya lo dejaba ir, ustedes bien lo saben cómo me dolió el alma. Cuantas veces me reclame por haber vivido siendo toda para él.
Mi tristeza en ese momento fue injusta trayéndome al recuerdo. Cada paso por la ciudad era guardar su espacio cuando caminábamos juntos, cuando me sentaba en el café me imaginaba tanto sentir que no tardaría en llegar o aun peor llegaba con la esperanza de que ahí estaría él esperándome.
Su voz estaba en mis sueños, sus manos en mi piel, su mirada en mis letras y todo él a mí alrededor. En ese entonces no había la posibilidad de sentir alguna sensación ajena a las que él provocaba. No me permitía nada en donde no lo invitara a estar conmigo, solo quería respirar su olor ese que dejo en cada rinconcito de todo lo que soy.
Me aleje del mundo, me entregue a invocarlo, no hubo otra compañía más que nosotros dos, no hubo comida, no había humor. No había yo en ausencia de él. Siempre ame su silencio, su entrega al momento, su calma, su no hay mañana más que ahorita, ame tanto su falta de planeación por lo consiguiente su rutina.
Era tan falsa con el mundo siempre que salía de casa solo quería regresar a ella para estar juntos… alguien recuerda esos meses, ¡no! yo sí. No permití que alguien viera a la que era, mi ilusión en contra de la libertad se llenaba con un correo al mes de un poco de su vida, me odie tanto por ser esa, odie tanto verme en esa situación de la que realmente no quería salir.
Quién lo conociera y conocía, se enamora del hombre que es, no hay persona que lo conozca y emita un comentario malvado hacia su persona; sé que hay reclamos solo de su falta de muestra de afecto y de reafirmar lazos afectivos (si lo digo así es porque si lo leyeron antes, el era mi paciente favorito), pero yo no estaba con él por escuchar palabras que se le dicen a todo el mundo, yo no estaba con él por no estar sola, yo no estaba con él porque me invitaba a no tener problemas, ni siquiera estaba con él por sexo. Estaba con él para ser mejor ser, estaba con él porque admiraba toda su persona, él era el aparato más multifuncional que he conocido.
Pero después de ese tiempo a su llegada me obligue a deshacerme de su vida a mi lado, todas las palabras que salieron de él las plasme en hacer y buscar todo lo contrario a él, pero nunca tuve la intensión de deshacerme de esa intelectualidad que me mataba.
Lo infame en mí con esta experiencia fue descubrir que eso que tenía era admiración, no era una fans de él, no era mi religión, no era nada de eso que se hace por idolatrar o querer ser como él o identificarme con algún detalle de su amable persona. No, lo mío era más simple, menos complejo, más puro e inocente, era solo agradecer a la vida por ponérmelo en el camino.
Solo cuando entendí eso creo que lo pude soltar… solo en pensar que lo perdía, solo lo deje ir en mis planes de tenerlo para mi unos 40 años de mi vida.
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