Tú me conoces toda; mi mujer real. La que usa shorts, playeras, la que no se pinta, la que es grosera, la que corre y juega, usa chanclas y no sale de su casa, quien ríe contigo y se burle de ti, la que no baila y toma beers contigo y los amigos hasta quedar mal. La amiga que te escucha y da consejos sobre las novias y se burla de ellas. Soy quien está al pendiente del teléfono, la que te espera cada vacaciones sentada en la banqueta para tener nuestras pláticas interminables y hacer uso de la imaginación.
Tanto tiempo te espere. Espere una mirada, un abrazo, una sonrisa para mí, una de tus palabras, un beso; esta declaración de necesidad de mí. Te escuche y te vi, me quede sonriente, pero también sin sueño. Y hoy sabes, me obligo a sentir ese anhelo de amor platónico, pero ¡mírame! Mi decadente persona te ve solo como mi mejor amigo ahora.
Te diría SI, sino nos conociéramos, pues, siempre vacile respecto a nuestra unión ¿recuerdas? te dije –nos casamos a los 30’s-. Pero tú me das el plazo de 2 meses para que seamos novios (ja!, palabra domesticadora) ¿Qué te crees? yo te espere 10 años. ¿Qué te pasa señorito? Mi deseo hacia ti no ha sido genital, quiero pensar que el tuyo tampoco, tú me conoces. Siendo realista tú y yo somos una parodia del romanticismo. Yo finjo no ser un hielo y tu, tu, tu… convencerme de no soy una más.
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